30 noviembre 2011

Riqueza irremplazable

Hoy les traigo una selección de citas de la segunda mitad del libro de Geneviève Patte Déjenlos leer. La primera mitad la encontrarán aquí. Si allí predominaban las reflexiones sobre la colección, aquí lo hacen las que tratan el fomento del gusto por la lectura. Les dejo unos días para que las disfruten y saboreen :-)

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p. 202 - Con la boga actual de las narraciones orales, hay una tendencia a contratar a cuentacuentos profesionales para dirigir las sesiones de la hora del cuento, pues le dan un carácter festivo. Pero cuando los miembros del personal de la biblioteca cuentan los cuentos, se tejen vínculos hogareños en esa casa que es la biblioteca.

p. 235 - No es fácil mantener el equilibrio entre la lectura propiamente dicha y los medios de expresión que la biblioteca propone en relación con ella. Éstos son muy atrayentes y son más inmediatamente accesibles, porque se trata casi siempre de un trabajo colectivo. Los lectores se involucran e invierten en ellos varios aspectos de su personalidad. Pero la biblioteca, cuyo objetivo principal es darle vida al libro, ¿tiene los recursos, como instalaciones y personal competente, para llevar a buen término y a fondo cada una de las actividades expresivas sin olvidar nunca sus propios objetivos: favorecer el acceso a la lectura respetando su carácter, su espontaneidad y la ductilidad, la realidad imprevisible de las solicitudes, la diversidad de las reacciones de los niños y sus necesidades expresivas, sin olvidar el derecho al silencio?
Algunos lectores asiduos de la biblioteca nos dijeron cómo habían dejado de leer cuando el teatro en la biblioteca cobró para ellos una importancia tal que ya no hallaban el tiempo para leer. La cuestión no es que esos lectores se vean acaparados por el teatro, puesto que es muy normal que encuentren en él una forma de expresión que les viene bien. Lo que resulta anormal, en cambio, es que la biblioteca, sus instalaciones, su personal destinado a desempeñar un papel específico que ninguna otra institución cumple de esa misma manera, se movilicen para una actividad que seguramente se llevaría mejor a cabo en otro lugar.
Si ciertas formas de animación ocupan demasiado espacio, se pueden convertir en una pantalla entre el niño y el libro. Las actividades de grupo, aunque necesarias, en ocasiones se ven privilegiadas en exceso, sin que deje tiempo suficiente al encuentro a solas con el libro, la historia, el documento y también con las personas.
Con la multiplicación de las actividades de grupos, se llega rápidamente a querer institucionalizarlas, a transformar la biblioteca en una yuxtaposición de talleres gratuitos a los que se invita a los padres a inscribir a sus niños, olvidando que toda animación en el marco de la biblioteca está íntimamente relacionada con la lectura.

p. 237 - La superabundancia de actividades de animación muchas veces es producto de una falta de confianza en el interés propio del libro y de la lectura. Sin embargo, elegir ser bibliotecario es creer en la riqueza irremplazable de los libros y de la lectura de todos los medios y querer ayudar al mayor número posible de lectores a hallar las claves para acceder a ambas cosas.

p. 241 - ¿Cómo provocar colaboraciones positivas entre la escuela y la biblioteca? Responder a esta pregunta amerita una reflexión profunda y permanente entre los diferentes interesados, de otro modo no se hace sino acatar sin convicción y con cierto hastío las directivas impuestas de arriba, que con frecuencia no hacen más que obstaculizar el establecimiento de relaciones verdaderas. Las preocupaciones excesivamente estadísticas (número de visitas, número de préstamos), si bien satisfacen momentáneamente a las autoridades, traen consigo una sobrecarga de visitas que no valoran la vida misma de la biblioteca ni lo que puede tener de incomparable.

p. 243 - Los discursos teóricos sobre las bondades de la lectura y los eslóganes de las compañías de promoción - entre otras cosas -, la mayoría de las veces ahuyentan más que estimulan el placer por la lectura, pues le atribuyen un estatus tal que uno no se siente capaz de llegar a su altura. Del mismo modo, las listas de libros que leer presentan un interés limitado si no implican una presentación personal.

p. 247 - Por desgracia, en muchas bibliotecas y escuelas, las adquisiciones se realizan esencialmente por las referencias que la prensa especializada o la general hacen sobre las novedades editoriales. Al ignorar el rico patrimonio del libro para niños, se prescinde de verdaderas obras de arte; se permanece en la superficie efímera de lo inmediato. Eso también desalienta a los editores y a los libreros que, al contrario de la tendencia general, se esfuerzan por mantener un fondo de libros de calidad en sus catálogos.

p. 270 - Toda biblioteca, sea cual sea la calidad de su colección, está condenada a morir si no hay alguien que se interese realmente, en permanencia, a estar allí para hacer posible el encuentro del libro con el público que le da vida.

p. 285 - En el marco de la biblioteca para niños, libre de todo programa y rica en documentos, el adulto no tiene el papel de depositario del saber; más bien tiene la tarea de comunicar la llave y el gusto de ese saber. Pero ¿cómo valorar y fomentar la curiosidad del niño y alimentarla, si no se tiene en sí mismo la curiosidad ni el don de compartir? ¿Cómo infundir el deseo de descubrir, si uno mismo no tiene interés o si se es secretamente indiferente?

p. 287 - Conocer las posibilidades que ofrece una sección para adultos es indispensable para los bibliotecarios para niños, a fin de que sus jóvenes lectores puedan aprovecharlas cuando llegue el momento y no permanezcan más de lo necesario en su infancia. Del mismo modo, los bibliotecarios para adultos tienen que saber y entender lo que sucede en las secciones para niños. Ese conocimiento recíproco se enriquece si a los bibliotecarios para adultos se les inicia en literatura infantil y si los bibliotecarios para niños conocen mejor las colecciones de libros para adultos. La frontera entre libros para niños y libros para adultos, por cierto, es cada vez menos visible.


16 noviembre 2011

Despabilarse mentalmente

Estos días, estoy dándome un buen chute de...
- hacer cajas (mudanza inminente... no me esperen levantados).
- lesionarme la espalda (dos lumbalgias en quince días, seguramente a consecuencia de lo anterior).
- leer literatura juvenil (El castillo ambulante - hubiera preferido leerlo sin haber visto la peli de Miyazaki; Tigre, tigre - me esperaba más; Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea - lloré a moco tendido; Pomelo y limón - quince años menos y la Oro sería mi ídolo. Próximamente: Vivir en Springfield, Penélope manda recuerdos, Lo que te cae de los ojos, Caballo de batalla - si alguna biblioteca más se anima a comprarlo, por favor...).

Entre caja y caja y novela y novela, voy leyendo a sorbitos un libro que no quiero dejar de recomendar a todos aquellos por ahí fuera interesados en las bibliotecas y en la infancia. Es un libro que tiene muchos años (se editó por primera vez en francés en 1978), pero que en 2008 reeditó, en una versión actualizada, Fondo de Cultura Económica. Se trata de Déjenlos leer: los niños y las bibliotecas de Geneviève Patte. Nos lo recomendó Eliana Pasarán en las Cuentan que cuentan y la verdad es que está siendo un buen chute de inspiración.

Llevo leído la mitad, y no me resisto a dejar por aquí los fragmentos que me han llamado lo suficiente la atención como para guardarlos a buen recaudo, especialmente para aquellos momentos en los que considere que me estoy olvidando de cuál es mi función en la biblioteca.

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p. 10 - [De la introducción de Daniel Goldin] Spinoza dice que todos deseamos perseverar en nuestro propio ser. El bibliotecario (y el auténtico educador) busca que los otros perseveren en el de ellos mismos, y en el fondo sólo se realiza como tal cuando ayuda al lector a establecer una relación personal... consigo mismo, con el conocimiento y la información, con otros lectores.

p. 37 - "Conocer la alegría indispensable y fecunda de despabilarse mentalmente". Esta bonita expresión, hallada en uno de los primeros reportes de L'Heure Joyeuse, definía a la perfección las propuestas de la biblioteca en relación con el conocimiento.

p. 57 - No se trata, sin embargo, de que el bibliotecario haga caso omiso de sus gustos y predilecciones personales [a la hora de seleccionar materiales para la biblioteca]. Sería artificial y empobrecedor concretarse a las demandas explícitas, sin hacer que los niños exploren nuevos territorios. El bibliotecario es un barquero. La biblioteca tiene la obligación de proponer una colección que permita rebasar los condicionamientos y límites impuestos, se quiera o no, por los diversos medios o las diferentes instituciones que cada quien debe frecuentar.

p. 58 - Seleccionar no significa restringir, sino todo lo contrario. Implica resaltar el valor de lo que se selecciona. He ahí una de las grandes responsabilidades de la biblioteca.

p. 62 - En una política de edición inflacionista, que caracteriza a muchos países en la actualidad, resulta de particular importancia atreverse a informar al público sobre aquellos libros que "realmente valen la pena". Si no, ¿significa una claudicación de los bibliotecarios que no se atreven a tomar partido?

p. 68 - Un clásico es un libro que en el nivel del niño, de su experiencia y de su comprensión aborda de manera eficaz los acontecimientos importantes de la existencia humana: el nacimiento y la muerte, la amistad y el odio, la fidelidad y la traición, la justicia y la injusticia, la duda y la certidumbre. Es un libro que inventa una gran aventura, una situación llena de peligros que el niño va a vivir de manera total e intensa. Es un libro que crea personajes verdaderos en su misma esencia, seres que el niño puede comprender porque le es dado conocerlos en situaciones que les confieren toda su importancia y todo su sentido. Es un libro que crea acertadamente un mundo imaginario en que el niño puede vivir y moverse por un tiempo. Es también un libro que capta y esclarece con fuerza y sensibilidad excepcionales la realidad del mundo que rodea al niño. Es un libro que, en ciertos casos, crea de manera eficaz un humorismo de situación o de carácter o de palabras, un humor que el niño puede entender y compartir. En una palabra, un clásico es una obra que propone a la imaginación del niño una experiencia que seguramente no podrá vivir en ningún otro lugar, al menos con una intensidad semejante, y que sería una lástima que no viviera.

p. 71 - So pretexto de que estos libros [los clásicos], cuya calidad es por lo general admitida, no tocan en forma inmediata más que a unos cuantos niños, los bibliotecarios podrían dudar en adquirirlos y promoverlos, declarándose opuestos a una política de selección que, según ellos, sería elitista. En realidad, se trata simplemente de dar a todos la posibilidad de acceder a lo más enriquecedor. Si no es así, ¿no hay en ello como un rechazo de llevar a cabo la difícil pero apasionante tarea de facilitarles el acceso a libros que no van a pedir de forma espontánea simplemente porque son víctimas de un sistema de distribución masiva que favorece y multiplica los libros mediocres en detrimento de los más originales?

p. 72 - La selección se opone a la idea de censura o a cualquier tipo de restricción. Por el contrario, la selección es sinónimo de riqueza. Permite resaltar el valor de una buena variedad, hacerla emerger de la masa de libros que se repiten de manera uniforme e intercambiable.

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No descarto volver con una segunda entrada una vez haya finalizado la lectura, si es que me encuentro con otras reflexiones que me resulten interesantes. Estas, que giran en torno a la selección, a su importancia dada la situación editorial actual (un poco atenuada por la crisis, pero aun así marcada por la superabundancia de títulos), al concepto de clásico, y al papel de la biblioteca como lugar en el que "conocer la alegría indispensable y fecunda de despabilarse mentalmente" (realmente una frase inolvidable), me han reafirmado en algunas de mis creencias y me han dado argumentos para defender mi postura y mi labor frente a aquellos que piensan de otro modo. Quizá haya alguien más ahí afuera a quien le vengan bien las palabras de Patte...

Pueden leer la introducción de Daniel Goldin en Google Books (además de páginas salteadas del libro, aunque esto no sé si lo encontrarán especialmente útil...)

09 noviembre 2011

Desaparecer

Leer y escribir constituyeron el viaje a lo desconocido del sabio francés [Montaigne], que lo emprendió con la certeza de que, más allá de sus diferencias, ambas tareas coinciden en el hecho de que los libros nos escriben, de que autor y lector no salen indemnes del encuentro con las palabras, de que éstas iluminan dimensiones del yo, espacios mentales de la sensibilidad adormecidos por las rutinas diarias que forman parte de nosotros, pero que no declaran su existencia hasta que la escritura o la lectura los hacen comparecer.

Esos espacios, más que el resultado de una invención arbitraria, son conquistas personales de nuestra identidad, de lo que somos sin saberlo hasta que las palabras revelan cosas que ignorábamos sobre nosotros mismos. Hay un territorio del yo perdido en el espíritu que sólo al desaparecer cobra vida y fulgor. La lectura es el descubrimiento de aquel secreto que perdemos y recuperamos incesantemente, en el fluir de las horas anodinas y exaltantes. Territorio ajeno como una calle poblada por gente desconocida, donde el lector de otras vidas y destinos experimenta el temblor mental de las sensaciones más inauditas.


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Luis Mateo Díez en el artículo "Desaparecer en la lectura", incluido en el volumen La lectura coordinado por Antonio Basanta Reyes y editado por el CSIC en la colección Anejos Arbor.

04 noviembre 2011

Voten


[Visto hace tiempo en flora y fauna... y guardado a buen recaudo para una ocasión especial.]

03 noviembre 2011

Finally


[Visto en konfetti]

02 noviembre 2011

Ante todo


[Visto en prettybooks]

01 noviembre 2011